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Entre Sombras y Compotas

    En la penumbra de un sueño, me vi atrapado en un vehículo en movimiento junto a un variado grupo de almas: el conductor, dos mujeres enigmáticas y yo. De repente, el vehículo se despeñó hacia un abismo, sumergiéndonos en un mar de sombras. Con la velocidad del pánico, conseguí abrir la puerta y escapar ileso, dejando atrás a los demás, prisioneros de la oscuridad submarina.

    Desde la seguridad de la tierra firme, grité desesperadamente pidiendo auxilio. Mis llamados resonaron en la penumbra, y poco a poco, sombras emergieron para participar en el rescate. Entre ellos, encontraron a los ocupantes inconscientes del vehículo, pero milagrosamente vivos. Una misteriosa rescatista me encargó el cuidado de una joven rescatada, ofreciéndole una extraña compota para calmar su agitada alma.

    Mi nerviosismo se entrelazó con la tarea de alimentar a la joven. A veces, mi ansiedad dictaba un ritmo acelerado, pero susurros de “despacio” escapaban de sus labios. A pesar de la tensión, una risa colectiva resonó, como si todos entendieran que la tragedia se había disuelto en la nebulosa del sueño.

    El despertar fue acompañado por un escalofrío intenso, y una melancolía profunda se apoderó de mí. Reflexioné sobre la posibilidad de que los rescatados, ahora envueltos en la penumbra del pasado, fueran mi familia. Y yo, con la misma edad que en el sueño, me encontré como el que había desaparecido. En una escena inesperada, yo, ya fallecido, compartía compota con mi hija, que había crecido mientras yo permanecía estancado en la eternidad del sueño.

    El eco de ese sueño dejó una sensación de misterio persistente, donde la fortaleza emergía de la oscuridad y la conexión entre seres queridos perduraba más allá de las fronteras del tiempo.

    Sueño convertido en cuento con la ayuda de IA

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